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10 cosas que no deberías decir a una tejedora

10 cosas que no deberías decirle a una tejedora

Si tejes o haces ganchillo, o cualquier otro tipo de trabajo artesanal, seguro que te habrás enfrentado a alguna de estas frases. Son esas cosas que suelen decirnos aquellos que no tienen ni idea de lo que hacemos, a veces con buena intención, otras no tanto… Pero siempre nos hacen sentir lo mismo: ganas de matar, jajaja.

1. ¿Eres tejedora? ¡Podrías hacerme un gorro/bufanda/jersey!

Sí, soy tejedora. NO, NO PIENSO TEJERTE NADA. Nunca. Decir esto a una tejedora es casi como herir su orgullo. No tejemos para desconocidos o gente que acabamos de conocer, porque sabemos bien que nuestro trabajo se valora muy poco. Y no, tú no lo vas a valorar. Da igual que te ofrezcas a pagarlo, a comprar la lana… A no ser que seas alguien muy especial para mí, no voy a tejerte nada. No entenderías el tiempo y el esfuerzo que significa, no sabrías apreciarlo. Lo mismo suena duro, pero es tal cual.

Sólo tejo cosas para unos pocos familiares y amigos, y todos ellos han pasado por un estricto control de calidad (del que no tienen ni idea, por supuesto), para saber si son aptos de mis regalos tejidos. Cuando tejo para alguien invierto tiempo en escoger el mejor material, el color adecuado, el patrón perfecto. Luego tejo el proyecto, cosa que me lleva horas de trabajo. Ya ni hablamos de lavarlo, preparar un paquete, etc. ¡Eso sólo lo merecen las mejores personas de mi lista!

Y por favor, no te molestes en usar el “pero si tú lo haces muy rápido porque sabes”. Nop.

2. ¿Pero eso no es de abuelas?

Posiblemente es la frase más manida de la historia. Escuchada por tejedoras alrededor de todo el mundo, durante años y años y años. Yo ya no me molesto ni en responder. Tejer ha sido una actividad que siempre ha existido, aunque en los últimos años hayamos vivido un boom con el craft y el DIY. Como digo siempre, las tejedoras ya estábamos aquí antes de todo eso. El problema es que uno no tiene ni idea de lo que hay tras una actividad que no conoce.

Entiendo que haya quien únicamente es capaz de relacionarlo con algo que hacían sus abuelas, pero nada más lejos de la realidad. Sólo hay que echar un vistazo a los patrones de punto que podemos encontrar en Ravelry, ¿cosa de abuelas? ¿Y qué me decís del yarn bombing?

3.¿Tienes que estar haciendo eso ahora?

Esto me lo dijeron en una ocasión, mientras estaba tejiendo durante una reunión familiar. Sí, tengo que estar haciendo esto (tejer) ahora. Porque me da la gana. Y porque tejer es completamente compatible con mantener una conversación, ver una película u otras actividades.

Cuando llevas un tiempo tejiendo eres capaz de hacerlo casi sin pensar, por lo que no interfiere con estar presente en una conversación. Yo no me quejo cuando estoy con alguien que no deja de mirar su móvil constantemente, o cuando comparto un café con un amigo al que le gusta dibujar. No tejo para pasar de lo que dices, es algo que puedo hacer mientras hablamos, un extra.

La vida es muy corta como para tener tiempo de tejer todos los proyectos que tengo pendientes, así que es primordial aprovechar todos los ratitos disponibles para avanzar un par de vueltas, no te molestes. Sigo ahí, conscientemente.

4. Yo no podría aprender a tejer

Si nunca te pones a ello, claro que no podrás aprender. Esta frase puede ir camuflada de mil formas: no tengo tiempo para aprender/tejer, no tengo paciencia, soy nula para las manualidades… Pero siento decirte que todo eso son excusas. Sólo me valdría que no tuvieras manos (y seguro que existen tejedoras sin ellas, segurísimo). Las tejedoras no tenemos más tiempo que el resto de mortales, ni somos seres con una capacidad excepcional por encima de los demás. ¡Hasta los niños pueden aprender rápidamente a tejer!

Antes, cuando me decían esto ponía cara de circunstancias, y decía: claro, te entiendo. Ahora digo: mejor di que no tienes ganas o interés suficiente en aprender a tejer 😀

5. ¿Por qué tejes si es más barato comprarlo ya hecho en una tienda?

¡¡Sacrilegio número uno!! JAMÁS DIGAS ESTO A UNA TEJEDORA. Entrarás en su lista negra de personas más odiadas.

No tejo porque sea más fácil, ni más barato (tejer es carísimo, ya te lo digo), ni más rápido que ir a comprar algo. Lo hago porque puedo escoger los materiales a mi gusto y de donde a mí me parezca más adecuado, porque es satisfactorio hacer algo con mis manos, porque cuando tejes estás creando una prenda completamente exclusiva y personalizada. Lo hago por el proceso, por el tacto de la lana, por el reto que supone hacer un proyecto nuevo.

¿Por qué cocinar cuando puedes comprarlo congelado? ¿Por qué escribir si puedes teclearlo? ¿Por qué cuidar de un jardín si puedes ver los árboles que hay en la calle? Pues eso.

6. Debes tener mucha paciencia

Qué va. Nunca he tenido paciencia en la vida, tejer es lo que me hace tenerla. Las mejores tejedoras del mundo no son personas súper pacientes y tranquilas. Tejer es como una especie de meditación, que te obliga a concentrarte, y de ahí viene la paciencia, pero no al revés. Te ayuda a poner orden en la mente y ser consciente de las cosas que te rodean. Y también te ayuda a no asesinar a los idiotas con los que te cruzas.

Tendrías que verme en mi casa cuando algún proyecto no me sale como debería y entonces decirme lo de que tengo muchísima paciencia, jajaja. Que se lo cuenten a todos esos proyectos deshechos y a los ovillos que han estado a punto de acabar en la basura.

7. ¡Deberías vender lo que haces, ganarías mucho dinero!

Partimos de la base de que casi ninguna tejedora quiere hacer un trabajo de su mayor afición, ¿vale? Pero consideremos que yo quisiera vender lo que tejo. ¿Sabes cuánto cuesta la lana con la que estoy tejiendo? ¿Sabes cuántas horas me llevará completar este proyecto? Si sumo el coste de los materiales, más el de las horas de trabajo, y encima quiero llevarme un beneficio… no sé cómo decírtelo, pero no me salen las cuentas. Si además tenemos en cuenta que sólo tengo dos manos y que no puedo tejer varias cosas al mismo tiempo, esto limita mucho mis posibilidades de producir en masa. Así que no, no ganaría mucho dinero, una pena.

Ojo, que no digo que no debamos vender lo que tejemos, lo que quiero decir es que no es tan fácil y en la mayoría de las ocasiones ni siquiera sale a cuenta.

8. ¿Y por qué no lo haces de esta otra forma que seguro sería mucho mejor?

Nada me molesta más que alguien opinando sin saber. Y más aún cuando no se le ha pedido una opinión. Curiosamente, la mayoría de veces en las que me han dicho algo así, provenía de alguna abuelita que tejía en sus tiempos mozos. Aprecio su consejo, de verdad que sí, pero me trae sin cuidado y preferiría que se lo guardara para usted.

Formas de tejer y técnicas hay cientos. Cada una tiene la suya, es hora de asumirlo. Puede que no sea la mejor ni la más eficiente, pero si la has elegido es por algo. Y no necesitas que nadie venga a decirte lo contrario. Por ejemplo, hay quién prefiere tejer calcetines de dos en dos, a la vez, pero a mí me encanta tejer cada uno individualmente. Disfruto con el proceso, me recreo. Y no por ello soy menos. Además, en el caso de las abuelitas tejedoras (a las que respeto), las técnicas de hoy en día no son las mismas que las que ellas usaban en sus tiempos.

9. ¿Y de verdad te pagan por hacer eso?

Sí, todavía hay gente que valora lo hecho a mano y está dispuesta a pagar por mi trabajo. Gente que respeta la artesanía, que es capaz de ver el valor de un producto tan exclusivo y lo prefiere antes que uno hecho en serie. Además, las tejedoras podemos ganarnos la vida diseñando patrones, dando clase, traduciendo libros de punto, trabajando y colaborando para empresas de lana… Increíble, ¿verdad? El mundo puede ser tan complejo de entender 😛

10. Creo que he perdido aquello que me tejiste…

Bueno, pues básicamente estás muerto para mí. Venga vale, casi muerto para mí.

O sea… Me molesto en tejer algo con lo que vayas abrigado, dedico mi tiempo, conocimiento y esfuerzos a hacer algo que te guste… Y tú lo pierdes o te lo olvidas por ahí. Es una de las peores ofensas que podrías hacer a una tejedora. Casi tan grave como no ponerte esa prenda que estuviste pidiendo que te tejieran durante tanto tiempo. En serio, esto puede ser motivo de enfado, pero de esos enfados que no consigues olvidar en años.

Si alguien teje algo para ti, asegúrate de dos cosas:

– No lo pierdas, porque te va la vida en ello. Demuestra que te importa el trabajo de la otra persona.

– Póntelo. No tengas miedo de que se estropee por el uso (la tejedora en tu vida estará dispuesta a tejer uno nuevo gustosamente, siempre que sea por esta causa), no lo regales o lo dones para los que no tienen recursos, no prefieras una prenda similar pero de una tienda. Es feo y una ofensa para quien lo tejió.


¿Te has sentido identificada en más de una frase? Seguro que te han dicho muchísimas otras cosas parecidas, o peores. Si consideras que hay algo más que pueda añadir a esta lista de ofensas tejeriles, cuéntamelo en los comentarios 🙂

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redecorar un dormitorio solo con pintura y aprovechando muebles

No me canso de explicar a todo aquél que me pregunta que cuando tuneo la pifio un montón de veces. Además tengo ese punto masoca que aunque sepa que lo que estoy haciendo no me convence lo acabo y ya luego pienso como en cómo mejorarlo.
Una de las estancias de la casa que más quebraderos de cabeza me trae es uno de los dormitorios de invitados.
Nada más mudarnos a “La Casa” supimos que los dos dormitorios “gemelos” (dos habitaciones exactamente iguales pegadas una a la otra) iban a ser para nuestros familiares y amigos. Decidimos poner una cama de matrimonio en cada uno de ellos y por suerte una ya la teníamos, ya que los anteriores propietarios dejaron la “cama de drácula” (así la llamaba ellos).
A mí la cama me parecía preciosa, pero si es cierto que daba un pelín de “yuyu” así que necesitaba alguna mejora. Además alguien me contó que en todas las casas antiguas había una cama “mortuoria”, no sigo explicando, no?
Volviendo a la habitación: siempre os cuento que la casa estaba bastante dejada en el tema de la pintura, yeso… Así que lo primero que hicimos fue pintar tooooooooda la casa de color blanco para sanearla. Después aproveché para reparar desperfectos, agujeros, desconchones… y finalmente lo que más me gusta: dar color.
Esta fue una de las primeras estancias, y cegado por las ganas de darle color y aprovechando unos tintes que había en el sótano la pinté de color lila en dos tonos, dando importancia a la pared donde iría el cabezal.
La cama la pinté con esmalte blanco satinado y la habitación temporalmente fue como os muestro en la siguiente foto.
Os suenan las mesitas de noche??? acabaron así.
Bueno, la habitación ya estaba lista, tenía mesitas, una cama menos tétrica y un poco de color en las paredes, pero comparándola con el resto de la casa desentonaba un poco, un poco mucho. Tanto que una de nuestras visitas la bautizó como la habitación de “Princesa”, y así la llamamos el poco tiempo que duró con esta estética.
Un buen día me dio por pintar el resto de la planta en color rojo, blanco y negro: el pasillo, la salita, la otra habitación gemela, el que era mi primer despacho… y este dormitorio desentonaba.
En una mala inspiración creí que sería divertido hacer de nuevo la habitación de drácula, pintando la pared negra en homenaje al antiguo color de la cama. ERROR!!!!!!! Mira como quedó:
Vaya horror pensaba mientras ponía los complementos en rojo… pero había invertido demasiado tiempo en la estancia y no me apetecía perder más.
El día que me apetezca la pinto de nuevo y listo.- me decía para auto-aliviarme del desastre cometido.
Decir que este dormitorio apenas se utiliza ya que la mayoría de invitados prefieren el otro (lógicamente) Del que se puede ver un trocito aquí. Si es verdad que la decoración de la planta estaba más conjuntada, pero lo prefería con la puerta cerrada para no verlo.
Fue hace unos meses cuando paseaba por Leroy Merlin que encontré una pintura baratísima en liquidación y me lancé a por ella: el color me encantaba. Eso era una señal!. Me hice con ella y en llegar a casa me puse manos a la obra.
En un ratito cambié el negro por el verde manzana. Como solo era la pared del cabezal (las otras 3 las pinté en blanco cuando pasé de lila a negro) fue fácil y rapidísimo. Con 2 capas de pintura me bastó y sobró. En un santiamén la habitación ganó luminosidad y la cama agradeció el cambio.

 

Una vez más detalles low cost para renovar la decoración:
Los cojines verdes me los dio una amiga.
Los de ganchillo los compré en una tienda de Reus donde venden la ropa a peso y salieron tirados de precio.
La lámpara me sobraba del comedor.
El buda es un antiguo regalo.
El despertador lo encontré precisamente en esta habitación (nada más llegar a la casa). Es de cuerda y antíguo.
La colcha es heredada, antigua.
Ahora estoy más contento con esta habitación y como veis en la última foto he pegado la cama a la pared de la izquierda y ha entrado en juego una mesita de noche que no estaba y le aporta gran personalidad a la habitación.
Pronto el paso a paso 😉 pero como aperitivo os dejo el antes:

 

Redecorar un dormitorio solo con pintura y aprovechando muebles