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Recicla una estantería de Ikea con chalk paint y papel pintado

Al comienzo de este curso me di cuenta de que #laniña necesitaba su propio espacio para hacer los deberes y tener sus cosas organizadas, como ya te contaba aquí.

Así que aproveché para convertir su habitación en una verdadera habitación, porque entre que cuando nació sólo necesitaba la cuna y luego había que dejar sitio para que pudiese jugar, aquello no tenía nombre.

Aunque voy poco a poco, hoy quiero enseñarte cómo he reciclado una estantería que teníamos en el salón, utilizando chalk paint y papel pintado:

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Quería una habitación de niña que no fuese infantil y además me propuse hacerlo reciclando por dos razones:

La primera, esta va a ser la última vez que yo pueda decidir libremente algo relacionado con ella.
Para hacer este cambio he sido yo la que ha tenido las ideas y después de explicárselas ha aceptado (aunque cambiar el color de las paredes le costó).  
Pero este chollo se acabará y a la vuelta de no mucho me dirá que no le gusta y querrá darle otro cambio y además, muy importante, sin contar conmigo.

La segunda no hace falta ni que la diga, ya sabes que a mí un reciclaje me tira cosa mala. 

Aquí tienes la estantería después de un par de manos de chalk paint y de ponerle papel pintado en la trasera:

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Así era antes de renovarla, de la serie Markor de Ikea:

Vía
Formaba parte de los muebles del salón, pero como las cosas de #laniña habían ido conquistando baldas a medida que cumplía años, sacrifiqué almacenaje por recuperar el espacio para adultos.
A continuación te cuento el DIY con el que reciclé esta estantería y cambié su apariencia robusta y seria por otra alegre y ligera:
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El primer paso fue limpiarla a fondo con amoníaco (sin mezclar con agua, directo a la bayeta) para quitar las manchas que no se veían (plastilina, plastidecores, rotuladores, comida macerando debajo de un juguete… lo normal en cualquier casa con un bebé):

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Una vez seca, le dí una mano de imprimación. Utilicé una que me recomendaron en Leroy Merlin, la Todo Terreno de Beissier. Me gustó porque no huele y la brocha se limpia con agua y jabón.

Yo estas cosas no tengo más remedio que hacerlas en casa (concretamente en la cocina, como puedes ver) y #laniña y el #esposo se ponen muy dramáticos (y muy alérgicos) con eso de los olores, así que se agradece que no quede rastro:

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A continuación la pinté a ella y las baldas con chalk paint de color Crema, también de Leroy Merlin. Quería un color suave para que destacase el papel pintado y este le va perfecto.

Un detalle muy importante con la chalk paint: te recomiendo no pintar las partes de la balda que van pegadas a las paredes laterales.

Es una pintura muy densa y añade unos milímetros. Por poco que sea, si pintas la balda completa puedes encontrarte con que no encaja y corres el riesgo de rayar los laterales para ponerla en su sitio: 

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Las patas las pinté con chalk paint Verde Salvia, también de Leroy Merlin. La descubrí cuando hicimos el taller para crear un moodboard (aquí) y como combina con el papel, se me ocurrió darle este toque gamberro.
Si te fijas, verás que tienen un suplemento. Fue una idea de mi padre para salvar el zócalo y que los muebles quedasen pegados a la pared:
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Otra característica de la pintura a la tiza es que es delicada, y para que no se desconche con los golpes hay que echarle una cera o un barniz. 
La primera suele utilizarse para objetos que no vayan a tener mucho uso, o si quieres protegerla sin perder el tono mate característico de esta pintura. 
Pero si se trata de un mueble que va a tener mucho trote, es mejor utilizar un barniz al agua. El inconveniente es que deja un poco de brillo (muy poco, la verdad), pero es el precio a pagar si quieres que la pintura quede bien protegida.
Pregunté de nuevo en Leroy Merlin y me recomendaron el barniz mate incoloro para madera de interior de Luxens. Nuevamente agradecida porque no huele y la brocha se limpia con agua y jabón. 

Una vez seco el barniz, le tocaba el turno al papel pintado de la trasera:
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Lo escogió #laniña en Modacasa (Oviedo) y es de Coordonné, de la colección Room Seven
En un principio era para empapelar la pared que ocupa el escritorio, pero como quedó tan bonito (y me sobró medio rollo), decidí aprovecharlo para la estantería.
Lo mejor de este papel (además de que es precioso) es que es papel tejido-no tejido. Eso significa que:
1. La cola se echa solamente en la pared, con lo que es más fácil moverlo para que casen o encajen los dibujos porque no pesa.
2. Puedes pegarlo y despegarlo las veces que necesites, porque es resistente (mucho). Yo la primera vez me moría de miedo, pero al final ya era rutina. Y si lo arrugas por doblarlo o lo que sea, se quita pasando un trapo por encima.
Nada que ver con las que se montaban en la casa del #pueblitobueno a la hora de empapelar, el drama cuando salía una burbuja y encomendarse al santo del gremio correspondiente antes de despegar siquiera un milímetro.
Un truqui para que el papel quede perfecto y a ras de las líneas del mueble o del techo (según lo que empapeles) que me dieron en la tienda, es que al llegar a una parte que tienes que cortar dejes un poco sobrante. Luego lo cortas con un cúter siguiendo el ángulo y el papel queda encajado, aunque las líneas del mueble estén torcidas o las paredes no estén a escuadra:

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Con lo que más cuidado debes tener es para casar los dibujos, es decir, encajar los que están en los bordes para darle una continuidad y que se note lo menos posible dónde acaba un paño y empieza otro. 
En la tienda me dijeron que con dibujos pequeños es más fácil engañar al ojo, y es verdad. Esta lleva dos paños (dos trozos) y sólo si te fijas bien los ves:
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Y este es el resultado, como te enseñaba al principio del post:
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La estantería no parece la misma, el color crema le da mucha luminosidad y el papel del fondo la hace más alegre:
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El bote da mucho juego para guardar cosas de los Playmobil, es uno de cocina que había reciclado con chalk paint y tela (aquí).

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Lo mejor es que #laniña está encantada con ella, llegó a decirme que cuando se lo propuse no podía imaginar que iba a quedar tan perfecta. Y como le gusta tanto, tampoco tuvo problema en traer sus cosas del salón y ponerlas aquí.

Llevó horas de trabajo mías y de paciencia del #esposo con el desorden, pero ha merecido la pena.

¿A tí qué te parece el resultado? ¿Te animarías a reciclar una estantería tuya? ¿Alguna vez has combinado pintura y papel pintado en un DIY?

P.D.: Este post no está patrocinado por Leroy Merlin ni por Modacasa, pero he puesto los materiales que he utilizado por si quieres hacer este DIY, para que vayas a tiro fijo.

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