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Puedes dibujar y no lo sabes

Llevo unos tres días dibujando caritas como una loca. Mis listas de la compra, libretas, hojas, donde haya papel… parecen sacados de Bélmez. Y es que, así de casualidad, me topé con un vídeo de una charla de TDX. No suelo ver demasiadas este tipo de vídeos, pero el título decía: “Porqué la gente cree que no puede dibujar y cómo demostrar que pueden”. Su responsable es Graham Shaw. Poco puedo decir sobre el. A parte de que se dedica a dar herramientas a profesionales para apoyar sus presentaciones de negocios con gráficas e ilustraciones.

Tú puedes dibujar
Yo tenía un profesor con esta cara.
Cuando empiezas no paras: Bigote guay y gorro.

Despertó mi interés, por que siempre he tenido que lidiar con la inseguridad de los alumnos al enseñarles dibujo. Todos los niños aseguran saber dibujar. Pero en un misterioso momento, especialmente durante la adolescencia, el chip cambia.

No habla de aprender a dibujar la capilla sixtina a lo Miguel Ángel. En el vídeo da unas pautas para dibujar retratos estilo cómic. Y si eres de los que no saben hacer con un 6 y un 4 la foto de tu retrato seguro te darías con un canto en los dientes por saber hacer caritas chulas.
El orden es sencillo y es importante seguirlo: primero la nariz, luego los ojos, las orejas, el pelo el contorno de la cara y cuello, el cuello del jersey y las líneas de hombro.

 
¿Por qué me parece brillante?

  • Por que al guardar este orden se mantienen las distancias de los elementos  y hace que el conjunto resulte proporcionado.
  • Ojos tristes, boca feliz o enfadada, cara más o menos gruesa, distintos peinados… hay una multitud de posibilidades.
  • Al obtener resultados inmediatos genera seguridad y anima a continuar experimentando.

El vídeo está en inglés (si lo encuentras con subtítulos en español pásamelo porfa). Si lo chapurreas lo pillarás todo. Si no, no importa. Hazte con papel y lápiz y sigue las pautas que va marcando, especialmente si tienes dibujofobia. Y cúentame que tal ha ido.
Yo voy a seguir dibujando caras en todos los espacios de papel que encuentre en blanco.

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Punto X: Terry Pratchett

Conocí a Terry Pratchett tarde. Bastante tarde. Pero el flechazo fue absolutamente instantáneo. Me encantan esos libros que abres y te absorben, te hace reír hasta las lágrimas y te obligan a releer una y otra vez una página porque no te crees lo bien escrita que está.

De hecho, conocí a Terry Pratchett por azar, en el aeropuerto de Frankfurt, cuando nuestro vuelo de Copenhague a Barcelona tuvo overbooking y nos hicieron volar vía Frankfurt. No puede haber más casualidad que esa: tuve dos horas muertas en ese aeropuerto donde no tenía que estar y mirando los lomos de los libros del kiosko cutre que había frente a nuestra puerta de embarque, vi su nombre, que había oído muchas veces, y me decidí a comprar el libro, que me hizo soltar sonoras carcajadas en la sala de espera.

Desde entonces tengo el ritual de mirar siempre los libros en inglés cuando viajo en avión. A veces lo encuentro y entonces es obligatorio comprar cualquiera de esos títulos, en esas ediciones baratas que de leerlas y releerlas acaban quedando gordas, con el lomo retorcido y las páginas amarillentas. Seguro que sabéis lo que digo. Bueno, en los aeropuertos, pero también en las librerías con sección de libros en versión original y en las estanterías de mis amigos. Sobre todo en las estanterías de mis amigos.

Tengo que admitir que se me saltaron las lágrimas al enterarme (tarde también) de su muerte el jueves pasado. Y que me he pasado el fin de semana leyendo y releyendo artículos cual stalker experta, con el corazón en un puño y la tristeza de saber que ya no habrá novedades que traigan su sello sarcástico, divertido y absurdo.

Pero nos queda una obra mágica y muy abundante para leer, releer y compartir. Cuando leí el prólogo de Buenos presagios, no pude evitar reírme mientras los autores (Pratchett y Neil Gaiman) describían el estado de los ejemplares que les tocaba firmar: manoseados, escritos, recompuestos con cinta de embalar, caídos al inodoro, prestados mil veces… Así son los libros de Terry Pratchett, los típicos libros que le pones en la mano al amigo que viene a cenar, el que obligas a leer a tu pareja, el que le pasas a tu sobrino o al jefe que te cae bien. Los típicos libros que abres al azar para releer una frase y troncharte de risa sin que venga a cuento, los que tienes apilados en el suelo junto a la mesita de noche por si te ataca el insomnio, los que sacas de la estantería para usarlos de peso y te entretienes leyendo de pie sin recordar para qué los habías ido a buscar.

Así que pensé que no podía dejar de hacerle un pequeñísimo homenaje, y aquí está mi cuadrito de punto X con una estupenda y ligeramente sarcástica frase, difícil de traducir con todos sus matices, pero que vendría a ser, literalmente: “¿Sabes? Estás graciosamente equivocado.” Con un puntito condescendiente, pero con esa corrección británica que siempre me arranca una sonrisa.

De hecho, estoy pensando en iniciar una serie de cuadros con grandes frases de mis artistas favoritos. La próxima que pase por el punto X podría ser: “Nadie espera a la Inquisición española”. ¿Sabéis de quién es?

He resaltado una palabra en rojo y le he puesto una tela de cuadros por detrás para que no vean todos los hilos mal pasados para que el acabado sea mucho más bonito.

Este cuadro no tiene mucho misterio si normalmente hacéis este tipo de proyectos, pero, si como yo, los hacéis muy, muy de vez en cuando, a lo mejor necesitáis el diagrama, así que os lo dejo aquí abajo. Si queréis, otro día os cuento cómo empezar en el punto de cruz, si es que tenéis dudas.

Y nada más, espero que hayáis leído a Terry Pratchett, y si no lo habéis hecho, descubridlo tarde, como yo, pero descubridlo. Podría ser que no os gustara (si tenéis muy mal gusto y nada de sentido del humor ;^P) pero lo más probable es que os deje con la boca abierta.

A Sir Terry, solo darle las gracias por los momentos compartidos… ¡y los que nos quedan!

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Lámpara con hilo.

Empezaba a sentir frustración cada vez que intentaba hacer este tuneo.
Fueron 3 las veces que lo intenté y siempre fallaba algo, y ya estaba apunto de desistir, pero mi orgullo me lo impedía y necesitaba hacer una lámpara con hilo, además, le prometí a Luís un tutorial “perfecto”.
Así que si tienes ganas de una Random Light hecha por ti mismo aquí tienes el paso a paso que con el que he salido victorioso, es importante que sigas los puntos tal y como digo, ya iré matizando los porqués.
Al lío!
Estos son los materiales que emplearemos.
El hilo es del que puedes encontrar en Leroy Merlin o cualquier bazar.
El portalámparas, como no, lo conseguí después que la Roomba sacara a pasear mi lámpara FADO de Ikea.
Es MUY IMPORTANTE utilizar un balón de playa para este tuneo. Mi fallo en los anteriores intentos era utilizar globos, ya que enseguida empezaban a perder el aire y se arrugaba todo, un desastre. Con el balón te aseguras que eso no pase.
El primer paso es “apartar” el hilo que utilizaremos. Mi truco (cosa que no hice en otras ocasiones) es crear un rollo que quede bien impregnado de cola y facilite la labor. Es chungo de explicar, así que le hice fotos para ilustrarlo bien 😉
Empecé haciento un rollito con el cartón del papel higiénico y celo.
Enrollé en él una buena cantidad de hilo (más o menos la mitad del rollo original, ya que esta lámpara será pequeña). Si hubiera querido hacer una lámpara grande todo esto no habría sido necesario, ya que gastaría todo el rollo.
Entonces buscamos un recipiente donde quepa bien el nuevo rollo de hilo. En este caso es un tupper de esos que dan en el chino. La gracia es que nuestra bovina quede sumergida en la cola y podamos ir estirando sin que se enrede.
Por otro lado preparamos el balón.
Lo inflamos.
Y lo envolvemos con el film (Importante) así cuando tengamos que sacarlo saldrá sin problemas.
Ya casi estamos listos para empezar. En el tupper (el de los chinos, que ultimamente salen mucho por mi blog) mezclamos agua y cola blanca. Queda una especie de leche pero un poco más espeso.
Sumergimos nuestra bovina de hilo en la mezcla y le damos unas vueltas con los dedos para que se impregne bien.
Cogemos el extremo del hilo y vamos dando vueltas con él a la pelota. Si os fijáis la cola se va poniendo sola en el hilo mientras damos enrollamos el balón. Este es un trabajo de unos pocos minutos (no creo que más de 5). Al acabar el hilo enredamos el cabo final para que quede disimulado.
Buscamos donde está el tapón de hinchar y le dejamos hueco apartando un poco los hilos.
Es el momento de secar. Como soy impaciente lo he acercado a la chimenea y me he sentado a ver la tele, así lo vigilo. De vez en cuando le he dado alguna vuelta. Sabes que ya está listo cuando los hilos además de secos están “tiesos”. Es importantísimo que esté seco del todo, si no en el paso de sacar la pelota nos cargaremos el trabajo hecho.
Rompemos el film que tapa el tapón (que redundancia!) y lo abrimos. Aquí mis pulmones han hecho de máquina de vacío improvisada.
Y poco a poco vamos sacando el balón del interior de la nueva bola.
Esto ya casi está!
Así tal cual podría ser una lámpara de techo, cubriendo alguna bombilla desnuda, pero he querido aprovechar un portalámparas de mesa, así que lo he montado facilmente.
Y ale, ya tengo lámpara! a la cuarta va la vencida, y estoy taaaaaaaaaaaaaaan contento que ya me he hecho otra. Ahora buscaré algún balón más grande para hacer una de techo y así hacer un conjunto de lámparas para algún dormitorio… o regalar, quien sabe 😉


CONCLUSIÓN

-Al fín he ganado la batalla a un tuneo frustrado, si crees que he puesto demasiadas fotos solo te diré: ojalá hubiera encontrado este tutorial en su día!

-Poner un balón delante de la chimenea hace que el hilo se seque rápido, pero CAUTION, puede ser peligroso!
-Me empieza a preocupar que en todos mi últimos post aparezcan chinos, voy a empezar a pedirles comisión.
-He decidido perdonar la roomba y hoy la he dejado sola. Se ha portado muy bien.

Lámpara con hilo.