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Banderines de tela para Martín

Hoy os enseño el regalo que he hecho para el último cumpleaños al que ha ido la niña. Hasta los cinco años o así sólo fue a los cumples de los niños de la familia porque los suyos los celebrábamos en casa con una merienda para los abuelos y los tíos y dos primos porque no había sitio para más (ni ganas, que para dos horas hay que ver el trabajo que llevaba), pero en el momento en que entendió el tráfico de invitaciones a la salida de clase y cató uno de estos multiespacios diseñados para partirse la crisma anunció que no quería más cumpleaños para bebés y que ella quería celebrarlo como mandan los cánones.
Que si nosotros queríamos seguir con las meriendas a base de croquetas y empanada y tortilla de patata ella no tenía problema pero a condición de pasar luego una tarde pastoreando a cien criaturas vestidas de princesas o de lo que tocase saltando como locas donde las bolas y comiendo guarradas con el nivel de azúcar en máximos históricos.
Este de Martín fue de tipo familiar, con más adultos que niños y una chocolatada con unos churros que estaban de muerte.
El hándicap con el regalo, aparte de qué comprar a un niño que al igual que el resto de congéneres tiene de todo, era que hacía poco habían venido los Reyes y dar con algo que no tuviese iba a ser complicado. Así que me puse a pensar para salirse del típico juguete o del libro pero que le hiciese ilusión igualmente y fue entonces cuando se me ocurrió hacerle un banderín con su nombre:

Creo que acerté porque se puso muy contento cuando lo desenvolvió, eso o que ya estaba en medio de los efectos secundarios de una taza de chocolate y un par de puñados de tarta. Lo mejor fue la cara de agradecimiento de la madre por no tener que buscarle sitio a un trasto más.
Pensad en esta posibilidad si tenéis que hacerle un regalo a un@ niñ@ y queréis que el vuestro sea el más original, garantizado que triunfáis tanto con el/la pequeñ@ como con los padres. Y si me decís que no tenéis tiempo ni maña ni no hay problema, me mandáis un mail y yo os saco del aprieto en un periquete, os lo mando envuelto y todo para que no tengáis que romperos la cabeza ni con el envoltorio ni con el papel ni con los lazos. Ea.
¡Feliz comienzo de semana!

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