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Packaging para el Día de Reyes

¡Buenos días!

Hoy es el día de la ilusión. En casa, el peque ya está bastante nervioso con lo que pasará mañana y veremos cómo pasamos la noche, si en vela o podemos dormir algo. No sé si tanta emoción le superará 😛

Para hoy, te traigo el último post navideño que, curiosamente fue el primer fotografié, con una idea para crear vuestros packagings en bolsas de papel. Necesitáis más bien pocos materiales y el resultado es genial. Si el papel de la bolsa es más bien durito, como en este caso, te servirá para meter varias cositas, sin necesidad de que sean súper ligeras como en las de papel finito.

MATERIALES
* Bolsa de papel kraft con fuelle
* Cordón blanco
* Perforadora
* Cartulina blanca
* Arpillera
* Palito de madera
* Sello navideño
* Tinta Memento Negra
* Washi tape Santa’s Home

Una vez que hayas metido tu regalo en la bolsa de regalo, hay que cerrarla y colocar un trocito de arpillera que tape la parte superior de la misma y haz dos perforaciones pequeñas. Utiliza un palo de madera, de los de pincho, para abrir el punto de la tela.

Haremos la etiqueta recortando un rectángulo de cartulina blanca y decorándola con un sello y un washi navideño. La cinta que yo usé es la que este año ha sido mi preferida, la de Santa’s Home de Dailylike. La ataremos con el cordón y terminaremos en una lazada.

Espero que te haya gustado y te dé ideas para los regalos de hoy y para futuros regalos. Os deseo una noche llena de emociones e ilusión y un feliz Día de Reyes.

¡Que tengáis un buen día!

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Exfoliantes naturales

Los días que hay entre Navidad y fin de año siempre me parecen eternos. Los pasamos normalmente en casa, intentando recuperarnos de las comilonas, haciendo maratones de pelis, alguna actividad con amigos y… durmiendo, para qué nos vamos a engañar.

Ya os veo a todos haciendo balance del año que cerramos, listas de propósitos para el año que viene, resúmenes de vuestro año en cifras o en fotos o en titulares o en tuits o en lo que sea. Son esos días en los que no podemos evitar reflexionar sobre lo que dejamos atrás ni pensar en estrenar nuestra nueva agenda, un año enterito de días sin usar que nos prometen que todo es posible, que podemos conseguir cualquier cosa.
Son días raros, en los que todo parece suspendido en el aire tras la resaca navideña, justo antes de las campanadas y de que empiece la locura de SSMM. Una especie de calma antes de la tormenta que seguro va a llegar, y con fuerza, alrededor del 2 de enero, cuando a todos nos entre el pánico porque solo quedan tres días para que lleguen los Reyes.
Y son esos días en los que matarías a los graciosillos que te dicen “Hasta el año que viene” cuando se despiden. Al menos yo los mataría. A todos. Lentamente.
Pero también son los días en los que nos relajamos, nos damos permiso para comer de más, dormir poco y cometer excesos que pensamos arreglar en cuanto llegue el uno de enero. Para qué empezar ahora si en realidad estamos a punto de cerrar el año y ya lo hemos fastidiado de mil maneras durante los meses anteriores, ¿verdad? Pues no.
Ningún año está fastidiado del todo y el mejor día para empezar a cuidarnos es hoy, no mañana ni pasado, ni el lunes, ni el uno de enero, ni después de las vacaciones de verano. Hoy es el día perfecto para meterte en la bañera, exfoliarte a consciencia, ponerte cremita hidratante, beber tus dos litros de agua, comer ligerito y dormir ocho horitas.
Y nada mejor para cuidarse que hacerse uno mismo sus productos de belleza (seguido de cerca por comprar productos naturales y artesanales) con cosas que tenemos por casa y que no tienen largos nombres impronunciables.
Justo antes de Navidad, Mian nos propuso a Ari y a mí ir a su casa junto con Roser y Pilar a preparar exfoliantes naturales. Roser es una caña, tiene cantidad de aceites esenciales y además sabe mucho de ellos, así que nos enseñó un montón de recetas y de combinaciones aprovechando las características de cada uno.
Nos lo pasamos genial, huelga decirlo, y nos tomamos unos cuantos margaritas y algún vermut, además de comer toda clase de delicias caseras, porque ninguna reunión está completa sin comida y bebida en cantidades industriales. Y salimos con un montón de exfoliantes para mimarnos a nosotras mismas y a todos nuestros allegados. Y parte del extranjero.
Porque hacer exfoliantes es muy, muy fácil, ahora lo vais a ver. Necesitáis:
– Sal gruesa
– Aceite base (oliva, almendras, coco, jojoba,…)
– Aceites esenciales (lavanda, romero, limón, árbol del té, menta, eucalipto…)
– Flores y frutas (caléndula, ralladura de cítricos, flores secas…)
– Vitamina E (opcional)
– Botes para guardar vuestros exfoliantes
Poned la cantidad de sal que queráis en un bol de plástico o cristal. Nosotras usamos un kilo de sal para cada mezcla, más o menos.
Añadid vuestro aceite base muy lentamente. Necesitaréis poca cantidad, entre 6 y 10 cucharadas aproximadamente, para un kilo de sal. Queremos que la sal quede empapada, pero que no haya ni rastro de líquido en el bol. Mezclad con una cuchara de madera con paciencia y sin parar.
Cuando ya lo tengáis, añadid la mezcla de aceites esenciales que queráis, según el olor y las propiedades (luego os cuento qué mezclas hicimos nosotras). Ojo con los aceites esenciales, unas pocas gotas nos valen, porque son muy, muy concentrados. No uséis más de 4 o 5.
Mezclad bien y ya solo os quedará añadir algún otro elemento, si queréis, para acabar vuestra mezcla. Se suelen usar flores secas y ralladuras de cítrico, aunque también podéis usar flores frescas o algún fruto, aunque todo lo fresco que le pongáis complicará su conservación.
Finalmente, si queréis evitar que los aceites se enrancien, podéis añadirle un poco de vitamina E a la mezcla. Igual que con los aceites esenciales, con muy poquito es suficiente.
¿Qué aceites podéis usar de base? Además de los que os he propuesto, podéis hacer “oleomacerados” o lo que es lo mismo, una infusión de hierbas en aceite. Ponéis las hierbas en un bote de cristal, las cubrís con el aceite, tapáis el bote y lo dejáis en la encimera cuatro o cinco semanas. Luego coláis el aceite con una gasa y ya tenéis vuestro oleomacerado listo. Yo lo he hecho muchas veces con aceite de oliva y flores de caléndula (tanto secas como frescas) y el resultado es genial.
¿Qué mezclas hicimos nosotras?
– Sal, aceite de almendras, AE de menta, AE de eucalipto y AE de árbol del té (vigorizante y antiséptico)
– Sal, aceite de coco y AE de menta (vigorizante e hidratante)
– Sal, aceite de almendras, AE de lavanda y flores de caléndula secas (antiinflamatorio y regenerativo)
– Sal, aceite de almendras, AE de mandarina y ralladura de mandarina (relajante)
Si queréis una lista completa de las propiedades de los diferentes aceites esenciales, podéis visitar esta página.
No os quedéis toda vuestra producción, ¡compartidla! Aunque ya se ha acabado la época de regalos navideños y de detallitos para el amigo invisible, podéis echarles una mano a los Reyes, o simplemente regalarle un botecito a algún amigo porque hoy es hoy y es un buen día para empezar a cuidarse, ¿no?

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Diy: Un vestido en una hora

¡Buenos días!

De verdad, de verdad, que no os engaño. Que este vestido es apto para ese momento contemplativo hacia nuestro saturado armario en el que nos damos cuenta que no tenemos nada que ponernos para una ocasión muy concreta. Y claro, esa tela, estupenda, que compraste en un arrebato porque el estampado te enamoró a primera vista, por fin va a ver la luz y a transformarse en tu vestido de las noches de verano.


Es muy suelto así que podéis darle otro aire ajustándolo con un cinturón, como en mis fotos. Y si es un cinturón que os habéis reciclado vosotras mismas, como el mío, pues mejor que mejor: Look diy total 😉

Para hacer este vestido diy sólo necesitáis 2 metros de tela y 1,5 metros de lazo. Incluso, vuestro lazo, puede ser, como el mío, una tira de tela al bies cosida. De esta forma podéis haceros el lazo del estampado de la tela o del color que queráis.

Necesitáis saber la medida del largo total que queréis que tenga vuestro vestido (si lo vais a llevar con tacones os tomáis la medida con ellos) y la medida a la que queréis que llegue abierta la sisa desde la parte de arriba del vestido. Al largo total del vestido hay que sumarle unos 7 cm para el bajo y el dobladillo del escote por donde pasará el lazo.


Una vez cortadas las piezas colocamos delantero sobre delantero y cosemos los costados. A continuación hacemos un dobladillo pequeño que recorra toda la sisa. Para hacer el “tubito” por donde irá el lazo, doblamos el escote delantero hacia adentro y hacemos lo mismo con el de la espalda cosiendo a unos 3 o 4 centímetros para que pase bien el lazo. O la cadena o lo que le queráis poner. Lo bueno es que siempre podréis cambiarlo si os apetece darle un toque distinto. (En la foto podéis ver un detalle del interior en la unión de las costuras laterales con la sisa)


Para pasar el lazo por el “tubito” que hemos hecho, enganchamos un imperdible en un extremo para ayudarnos y listo. Sólo queda coger el bajo. Es momento de probaros el vestido y señalar la altura a la que queréis que quede exactamente para coger el bajo con un dobladillo sencillo. (En la foto tenéis un zoom del acabado del “tubito” para pasar el lazo)


Como véis en las fotos yo he usado mi overlock para sobrehilar las costuras, pero siempre podéis usar la puntada en zig zag de vuestra máquina de coser.



¿Qué os parece? Lo más lento para mí fue cortarlo y elegir la medida a la que quería la sisa, que al final dejé casi a la altura de la cintura.
¿Os animáis a hacer vuestro vestido del verano?
Ya sabéis que si tenéis cualquier duda me podéis escribir por aquí o al mail!
¡Besos! 🙂

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