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Cómo pintar lámpara de hierro (o plagiar una vista en una tienda)

En el barrio tenemos un señor muy simpático con un poco de síndrome “yonolotiraria” que se gana la vida recogiendo metal y vendiéndolo. Un buen día Josep lo vio cargando con una lámpara (de las que tantas veces le había contado que me moría por encontrar) y se acercó a él:
-Te la compro.
-Toma, te la regalo.- Le contestó mientras le dejaba la lámpara a su lado.

No sé que se imaginaría el señor al darle ese viejo trasto….
Casualmente días antes en una visita a Zara home me encantó una lámpara en concreto, que era esta:
Así que ya tenía 2 cosas:
1. Había visto una lámpara que me encantaba, pero no estaba dispuesto a pagar 129,90€.
2. Llegó a mis manos una lámpara vieja y sucia que me guiñaba la bombilla cada vez que la miraba. No sería muy difícil pintar el metal!
Como veis es la típica lámpara de casa de abuela, de hecho la mía tenía una muy similar.
El hierro tenía algún que otro desconchón y estaba llenita de polvo. Lo que más me llamó la atención es la cera que cubre el portalámparas: es cera de verdad!!! Así que mientras la limpiaba con agua caliente se fue sola, y no tuve que preocuparme en rascar ni lijar. Ese fue el primer paso: limpiar todo bien con agua caliente y jabón, después dejar secar al sol.
Lo siguiente fue lijar con lana de acero toda la lámpara, para igualar los desconchones.
Le dí 2 capas de imprimación universal (lijando entre una y otra) y finalmente rematé con un esmalte.
El acabado no me gustó, ya que el esmalte la dejó demasiado brillante (la que me inspiró la recordaba mate!), así que lijé de nuevo y le dí una capa de imprimación blanca que quedó mate y suave al tacto.
Para la pantalla me volví loco buscando alguna bien de precio, y lo más económico que encontré fue esta de Leroy Merlin, que me gustó muchísimo:
Una vez montada su pantalla decidí tapar el cilindro donde antiguamente estaba la cera con una cuerda natural para darle un toque más rústico e integrarla a la decoración de casa (mezclas raras entre actual y “añejo”). Para pegar la cuerda utilicé cola termoadhesiva de esa que tanto me gusta, y fue coser y cantar.
Aquí la tenéis acabada y ya en su sitio, en mi rincón de lectura del dormitorio. Si quieres ver como tuneé la otra parte de la estancia clicka aquí.
Aunque al final he decidido variar un poco la idea principal (la inspiración que os comentaba) estoy encantado con el resultado y los muchos euros de diferencia (unos 100) entre la original y mi cutre-réplica.

Cómo pintar lámpara de hierro (o plagiar una vista en una tienda)